Actuando sin poder decidir absolutamente nada
- hace 2 días
- 2 min de lectura
Una mañana de indecisión se convierte en una reflexión sobre el agotamiento, la presión y la necesidad de dejar de exigirse constantemente. Entre las demandas de Paco mi gato y una mente atrapada en neutro, surge la comprensión de que quedarse quieta no significa que la vida se haya detenido—tal vez simplemente significa que es momento de respirar.
Actuando en neutro

Me despierto cuando apenas empieza a amanecer. Mientras sigo acostada, considero las posibilidades: ¿salir a caminar? ¿Hacer desayuno? ¿Leer mi diario espiritual? ¿Meditar? ¿Hacer mis ejercicios de óxido nítrico? Nada me llama. Entonces lo entiendo: mi interruptor para tomar decisiones está apagado. No quiero hacer nada. Me siento congelada. Así que hago lo obvio: me quedo en la cama.
Paco entra caminando, maullando-gritando para que le dé desayuno. Ni siquiera eso logra ablandarme, así que se sube a la cama y se instala entre mis rodillas, obligándome a acomodar el cuerpo en diagonal. Después de un rato así, me levanto y me pongo los lentes de contacto, actuando como si no pasara nada.. Por lo menos necesito ver aquello que no estoy escogiendo.
Cada seis meses más o menos atravieso una crisis de toma de decisiones como esta. Solo dura medio día, pero siempre me pregunto qué significa. ¿Miedo? ¿Letargo? ¿Aburrimiento? Se me ocurre que quizás no es ninguna de las razones por las que suelo regañarme mentalmente.
Tal vez, solo tal vez, mi cuerpo me está pidiendo un descanso de actuar constantemente como alguien productiva. De exigirme ir a pilates, completar mis 10,000 pasos antes del atardecer o nadar cincuenta vueltas antes de que el sol esté demasiado alto. Quizás mi mente necesita descansar de pensar en grabar audiciones, programar sesiones de voz o hacer mis impuestos.
Quedarme quieta no significa que estoy vacía. Las ideas y los sentimientos siguen respirando dentro de mí. Solo necesito reconocer cuándo es momento de bajar la velocidad y cuándo llega la hora correcta de volver a saltar a mi vida. Hay espacio para ambas cosas.
“Para la mente que está quieta, el universo entero se rinde.”"
--Lao Tzu:
